www.jorgeluispinto.com
Regresar

NOTICIAS

NOTICIAS

Gracias al periodista Camilo Rodríguez por estas palabras
Gracias al periodista Camilo Rodríguez por estas palabras

Gracias al periodista Camilo Rodríguez por estas palabras



Lunes 13 de Julio del 2015  |  jorgeluispinto@jorgeluispinto.com


Quiero agradecer al periodista costarricense Camilo Rodríguez Chaverri por esta columna de opinión que tuvo a bien escribir para recordar mi paso por esa selección y el legado que pudimos trasmitir al balompié Tico.

Columna de Camilo Rodríguez

Estamos pagando por echar a Pinto, un hombre que nos dio lo que nunca tuvimos.

En Costa Rica nos cuesta ser agradecidos.

Muchas veces, uno se asusta de ver que la gente no dice gracias ante ciertos gestos o favores.

Nos sentimos merecedores de todo.

Y nos cuesta reconocer la gran labor de otras personas.

Hay alguien que nos dio lo mejor que hemos tenido en la historia del futbol mayor, y que recibió como pago esa absoluta indiferencia ante la grandeza de los demás.

Es Jorge Luis Pinto.

Pinto nos demostró la grandeza del método, el poder de la disciplina, la capacidad de la persistencia, la pasión al extremo en el análisis y el estudio, la fuerza de quien se la cree.

Los jugadores no celebraban los goles con él. Le reclamaban su “malacrianza” de hacerlos entrenar “más de la cuenta”, de exigirles al máximo, de no chinearlos ni mimarlos, de no dejarnos salir de noche a echarse unos tapis, de hablarles golpeadito, de obligarlos a entrenar las mismas jugadas una y otra y otra vez, de obligarlos a estar a la altura de los mejores y “nada de caritas”.

La defensa de la Selección Nacional en el Mundial del Brasil fue la mejor del mundo. Italia, Uruguay, Holanda e Inglaterra sucumbieron ante el método, la disciplina, la precisión, la pasión por la exactitud. Incluyo a Holanda porque sólo pudo ganarnos por penales.

¿Cómo es que esos mismos jugadores, y sobre todo, esos mismos defensores, fallan tantísimo y conforman un colador ante Colombia, Jamaica, El Salvador? ¿Cómo pudieron defender con excelencia y precisión casi matemática, casi industrial, contra Italia, Inglaterra y Uruguay, tres campeones mundiales, y no pueden contra tres selecciones de la región?

La diferencia se llama Jorge Luis Pinto. Se llama entrenamiento supuestamente “excesivo”. Se llama disciplina supuestamente “exagerada”. Se llama entrenar cada movimiento defensivo una y otra y otra vez…

Un amigo, empresario, profesor y experto en temas de calidad, me contó que tenía un compañero en una imprenta que decía así, “eso te quedó tan bien que parece ´alemán´”.

Mi amigo se enojaba. Le contestaba, “¿por qué tiene que ´parecer alemán´ todo aquello que es excelente?

Bueno, por algo fue Jorge Luis Pinto quien nos permitió ser exitosos en el Mundial de Brasil. Pinto se formó en Alemania.

¿Qué hizo Pinto? Exigirlos al máximo. Repetir una instrucción cien veces. Practicar una jugada doscientas veces. Hasta que estaban “cansaditos” los jugadores. Hasta que se sentían agredidos por el entrenador…

¿Por qué nos cuesta tanto la exigencia? ¿Por qué confundimos exigencia con malacrianza? ¿Por qué nos duele tanto que nos digan las cosas como son?

Pinto lleva al futbol los grandes valores del esfuerzo máximo, el estudio y la precisión “industrial”.

¿Cómo le pagamos el éxito del mundial? Echándolo. ¿Qué le hizo el país? Tratar a Pinto como si hubiera sido el “hazmerreír” del mundial y no lo que fue: la gran sorpresa en Brasil 2014.

Costa Rica tenía que defender la gestión de Pinto a toda costa. Y esa defensa tenía que concretarse con su continuidad, aunque hubiera que pagar mucho más dinero. Se lo había ganado.

En cambio, que lo contratara Honduras es casi lo peor que podía pasarnos. Lo único peor hubiera sido que lo contratara México.

¿Cómo pudimos permitir que Jorge Luis Pinto fuera contratado por Honduras? Eso sí que manda la parada.

Alguien escribió algo muy cierto: ver a Pinto como entrenador de Honduras, nuestro archirrival histórico, el que siempre nos pone la mano encima en la región, es como ver a la novia de uno besándose con otro carajo.

Si por lo menos Pinto hubiera sido contratado por una selección de un país grande en futbol, como Uruguay, Colombia o Paraguay. Ah, pero no, tenía que quedarse aquí no más.

Le hicimos un gran favor a Honduras: le dimos todos los insumos para que escogiera al mejor entrenador que ha trabajado por estas tierras.

¿Que había algunos jugadores que no lo querían? Pues que no jugaran. Si lo que necesitamos es un gran entrenador. Aquí hay materia prima. Hay grandes jugadores. Tendría otros cuatro años para pulirlos.

¿Y qué hicimos después de desechar a Pinto? Contratar a Paulo Wanchope, un ex jugador exitoso, adinerado, elegante, sobrio y educado. Parece una buena persona. Pero sin méritos todavía para ser entrenador de la Selección Nacional. Hay unos cinco entrenadores costarricenses que han hecho más méritos.

¿A cuáles equipos de Primera División hizo campeones el señor Wanchope? ¿A cuáles grandes equipos extranjeros o selecciones de otros países dirigió con éxito? Es que Pinto tenía muchos años de experiencia. ¿Y Wanchope? Es su primera experiencia.

La única razón de peso hubiera sido seguir con el legado de Pinto, pero él reniega de ese legado. Lo primero que hizo fue distanciarse del planteamiento de Pinto, acabar con la línea de cinco atrás, desordenar a la defensa, estropear el planteamiento defensivo que fue eficiente y sobresaliente sólo un año antes.

Ni modo. No hay otra manera de verlo: es una irresponsabilidad haber nombrado a alguien así para sustituir a Pinto, ese entrenador tan exigente y tan exitoso.

Wanchope pudo haber sido algún día el gran entrenador de la Selección Nacional de Costa Rica. Pero quisieron pasarlo del kínder a la universidad. Le faltan muchos años de experiencia. Podría llegar a ser un gran entrenador, pero uno no se hace experimentado de un día para otro.

Lo que hicimos, quitar al exitoso por exigente, y en su lugar nombrar al inexperto, es un reflejo de todo lo malo que nos pasa: improvisamos, no premiamos la excelencia, nos encantan el serrucho y la chota.

Pinto, que nos dio tantas alegrías, era un estorbo, paradójicamente. Nos estorba aquello o aquel que nos obliga a ser mejores, que nos mide, que nos pide cuentas.

Por ahora, hay que pedirle a Wanchope que vaya a aprender mucho primero, y en otra parte, no en la Selección Nacional. No se vale eso de que “echando a perder, se aprende”. Y hay que buscar a alguien como Pinto, ya que no creo que Honduras lo deje irse así de fácil.

Hay que buscar alguien que sepa exigir, que sepa sostener la disciplina al máximo. Es la única manera de ser triunfadores.

Camilo Rodríguez Chaverri

 

Fuente: Jorge Luis Pinto

Gracias al periodista Camilo Rodríguez por estas palabras



Lunes 13 de Julio del 2015  |  jorgeluispinto@jorgeluispinto.com


Quiero agradecer al periodista costarricense Camilo Rodríguez Chaverri por esta columna de opinión que tuvo a bien escribir para recordar mi paso por esa selección y el legado que pudimos trasmitir al balompié Tico.

Columna de Camilo Rodríguez

Estamos pagando por echar a Pinto, un hombre que nos dio lo que nunca tuvimos.

En Costa Rica nos cuesta ser agradecidos.

Muchas veces, uno se asusta de ver que la gente no dice gracias ante ciertos gestos o favores.

Nos sentimos merecedores de todo.

Y nos cuesta reconocer la gran labor de otras personas.

Hay alguien que nos dio lo mejor que hemos tenido en la historia del futbol mayor, y que recibió como pago esa absoluta indiferencia ante la grandeza de los demás.

Es Jorge Luis Pinto.

Pinto nos demostró la grandeza del método, el poder de la disciplina, la capacidad de la persistencia, la pasión al extremo en el análisis y el estudio, la fuerza de quien se la cree.

Los jugadores no celebraban los goles con él. Le reclamaban su “malacrianza” de hacerlos entrenar “más de la cuenta”, de exigirles al máximo, de no chinearlos ni mimarlos, de no dejarnos salir de noche a echarse unos tapis, de hablarles golpeadito, de obligarlos a entrenar las mismas jugadas una y otra y otra vez, de obligarlos a estar a la altura de los mejores y “nada de caritas”.

La defensa de la Selección Nacional en el Mundial del Brasil fue la mejor del mundo. Italia, Uruguay, Holanda e Inglaterra sucumbieron ante el método, la disciplina, la precisión, la pasión por la exactitud. Incluyo a Holanda porque sólo pudo ganarnos por penales.

¿Cómo es que esos mismos jugadores, y sobre todo, esos mismos defensores, fallan tantísimo y conforman un colador ante Colombia, Jamaica, El Salvador? ¿Cómo pudieron defender con excelencia y precisión casi matemática, casi industrial, contra Italia, Inglaterra y Uruguay, tres campeones mundiales, y no pueden contra tres selecciones de la región?

La diferencia se llama Jorge Luis Pinto. Se llama entrenamiento supuestamente “excesivo”. Se llama disciplina supuestamente “exagerada”. Se llama entrenar cada movimiento defensivo una y otra y otra vez…

Un amigo, empresario, profesor y experto en temas de calidad, me contó que tenía un compañero en una imprenta que decía así, “eso te quedó tan bien que parece ´alemán´”.

Mi amigo se enojaba. Le contestaba, “¿por qué tiene que ´parecer alemán´ todo aquello que es excelente?

Bueno, por algo fue Jorge Luis Pinto quien nos permitió ser exitosos en el Mundial de Brasil. Pinto se formó en Alemania.

¿Qué hizo Pinto? Exigirlos al máximo. Repetir una instrucción cien veces. Practicar una jugada doscientas veces. Hasta que estaban “cansaditos” los jugadores. Hasta que se sentían agredidos por el entrenador…

¿Por qué nos cuesta tanto la exigencia? ¿Por qué confundimos exigencia con malacrianza? ¿Por qué nos duele tanto que nos digan las cosas como son?

Pinto lleva al futbol los grandes valores del esfuerzo máximo, el estudio y la precisión “industrial”.

¿Cómo le pagamos el éxito del mundial? Echándolo. ¿Qué le hizo el país? Tratar a Pinto como si hubiera sido el “hazmerreír” del mundial y no lo que fue: la gran sorpresa en Brasil 2014.

Costa Rica tenía que defender la gestión de Pinto a toda costa. Y esa defensa tenía que concretarse con su continuidad, aunque hubiera que pagar mucho más dinero. Se lo había ganado.

En cambio, que lo contratara Honduras es casi lo peor que podía pasarnos. Lo único peor hubiera sido que lo contratara México.

¿Cómo pudimos permitir que Jorge Luis Pinto fuera contratado por Honduras? Eso sí que manda la parada.

Alguien escribió algo muy cierto: ver a Pinto como entrenador de Honduras, nuestro archirrival histórico, el que siempre nos pone la mano encima en la región, es como ver a la novia de uno besándose con otro carajo.

Si por lo menos Pinto hubiera sido contratado por una selección de un país grande en futbol, como Uruguay, Colombia o Paraguay. Ah, pero no, tenía que quedarse aquí no más.

Le hicimos un gran favor a Honduras: le dimos todos los insumos para que escogiera al mejor entrenador que ha trabajado por estas tierras.

¿Que había algunos jugadores que no lo querían? Pues que no jugaran. Si lo que necesitamos es un gran entrenador. Aquí hay materia prima. Hay grandes jugadores. Tendría otros cuatro años para pulirlos.

¿Y qué hicimos después de desechar a Pinto? Contratar a Paulo Wanchope, un ex jugador exitoso, adinerado, elegante, sobrio y educado. Parece una buena persona. Pero sin méritos todavía para ser entrenador de la Selección Nacional. Hay unos cinco entrenadores costarricenses que han hecho más méritos.

¿A cuáles equipos de Primera División hizo campeones el señor Wanchope? ¿A cuáles grandes equipos extranjeros o selecciones de otros países dirigió con éxito? Es que Pinto tenía muchos años de experiencia. ¿Y Wanchope? Es su primera experiencia.

La única razón de peso hubiera sido seguir con el legado de Pinto, pero él reniega de ese legado. Lo primero que hizo fue distanciarse del planteamiento de Pinto, acabar con la línea de cinco atrás, desordenar a la defensa, estropear el planteamiento defensivo que fue eficiente y sobresaliente sólo un año antes.

Ni modo. No hay otra manera de verlo: es una irresponsabilidad haber nombrado a alguien así para sustituir a Pinto, ese entrenador tan exigente y tan exitoso.

Wanchope pudo haber sido algún día el gran entrenador de la Selección Nacional de Costa Rica. Pero quisieron pasarlo del kínder a la universidad. Le faltan muchos años de experiencia. Podría llegar a ser un gran entrenador, pero uno no se hace experimentado de un día para otro.

Lo que hicimos, quitar al exitoso por exigente, y en su lugar nombrar al inexperto, es un reflejo de todo lo malo que nos pasa: improvisamos, no premiamos la excelencia, nos encantan el serrucho y la chota.

Pinto, que nos dio tantas alegrías, era un estorbo, paradójicamente. Nos estorba aquello o aquel que nos obliga a ser mejores, que nos mide, que nos pide cuentas.

Por ahora, hay que pedirle a Wanchope que vaya a aprender mucho primero, y en otra parte, no en la Selección Nacional. No se vale eso de que “echando a perder, se aprende”. Y hay que buscar a alguien como Pinto, ya que no creo que Honduras lo deje irse así de fácil.

Hay que buscar alguien que sepa exigir, que sepa sostener la disciplina al máximo. Es la única manera de ser triunfadores.

Camilo Rodríguez Chaverri

 

Fuente: Jorge Luis Pinto

 
VOLVER ATRÁS
© 2013 Todos los derechos reservados.
www.jorgeluispinto.com
Regresar

NOTICIAS

NOTICIAS

Gracias al periodista Camilo Rodríguez por estas palabras
Gracias al periodista Camilo Rodríguez por estas palabras

Gracias al periodista Camilo Rodríguez por estas palabras



Lunes 13 de Julio del 2015  |  jorgeluispinto@jorgeluispinto.com


Quiero agradecer al periodista costarricense Camilo Rodríguez Chaverri por esta columna de opinión que tuvo a bien escribir para recordar mi paso por esa selección y el legado que pudimos trasmitir al balompié Tico.

Columna de Camilo Rodríguez

Estamos pagando por echar a Pinto, un hombre que nos dio lo que nunca tuvimos.

En Costa Rica nos cuesta ser agradecidos.

Muchas veces, uno se asusta de ver que la gente no dice gracias ante ciertos gestos o favores.

Nos sentimos merecedores de todo.

Y nos cuesta reconocer la gran labor de otras personas.

Hay alguien que nos dio lo mejor que hemos tenido en la historia del futbol mayor, y que recibió como pago esa absoluta indiferencia ante la grandeza de los demás.

Es Jorge Luis Pinto.

Pinto nos demostró la grandeza del método, el poder de la disciplina, la capacidad de la persistencia, la pasión al extremo en el análisis y el estudio, la fuerza de quien se la cree.

Los jugadores no celebraban los goles con él. Le reclamaban su “malacrianza” de hacerlos entrenar “más de la cuenta”, de exigirles al máximo, de no chinearlos ni mimarlos, de no dejarnos salir de noche a echarse unos tapis, de hablarles golpeadito, de obligarlos a entrenar las mismas jugadas una y otra y otra vez, de obligarlos a estar a la altura de los mejores y “nada de caritas”.

La defensa de la Selección Nacional en el Mundial del Brasil fue la mejor del mundo. Italia, Uruguay, Holanda e Inglaterra sucumbieron ante el método, la disciplina, la precisión, la pasión por la exactitud. Incluyo a Holanda porque sólo pudo ganarnos por penales.

¿Cómo es que esos mismos jugadores, y sobre todo, esos mismos defensores, fallan tantísimo y conforman un colador ante Colombia, Jamaica, El Salvador? ¿Cómo pudieron defender con excelencia y precisión casi matemática, casi industrial, contra Italia, Inglaterra y Uruguay, tres campeones mundiales, y no pueden contra tres selecciones de la región?

La diferencia se llama Jorge Luis Pinto. Se llama entrenamiento supuestamente “excesivo”. Se llama disciplina supuestamente “exagerada”. Se llama entrenar cada movimiento defensivo una y otra y otra vez…

Un amigo, empresario, profesor y experto en temas de calidad, me contó que tenía un compañero en una imprenta que decía así, “eso te quedó tan bien que parece ´alemán´”.

Mi amigo se enojaba. Le contestaba, “¿por qué tiene que ´parecer alemán´ todo aquello que es excelente?

Bueno, por algo fue Jorge Luis Pinto quien nos permitió ser exitosos en el Mundial de Brasil. Pinto se formó en Alemania.

¿Qué hizo Pinto? Exigirlos al máximo. Repetir una instrucción cien veces. Practicar una jugada doscientas veces. Hasta que estaban “cansaditos” los jugadores. Hasta que se sentían agredidos por el entrenador…

¿Por qué nos cuesta tanto la exigencia? ¿Por qué confundimos exigencia con malacrianza? ¿Por qué nos duele tanto que nos digan las cosas como son?

Pinto lleva al futbol los grandes valores del esfuerzo máximo, el estudio y la precisión “industrial”.

¿Cómo le pagamos el éxito del mundial? Echándolo. ¿Qué le hizo el país? Tratar a Pinto como si hubiera sido el “hazmerreír” del mundial y no lo que fue: la gran sorpresa en Brasil 2014.

Costa Rica tenía que defender la gestión de Pinto a toda costa. Y esa defensa tenía que concretarse con su continuidad, aunque hubiera que pagar mucho más dinero. Se lo había ganado.

En cambio, que lo contratara Honduras es casi lo peor que podía pasarnos. Lo único peor hubiera sido que lo contratara México.

¿Cómo pudimos permitir que Jorge Luis Pinto fuera contratado por Honduras? Eso sí que manda la parada.

Alguien escribió algo muy cierto: ver a Pinto como entrenador de Honduras, nuestro archirrival histórico, el que siempre nos pone la mano encima en la región, es como ver a la novia de uno besándose con otro carajo.

Si por lo menos Pinto hubiera sido contratado por una selección de un país grande en futbol, como Uruguay, Colombia o Paraguay. Ah, pero no, tenía que quedarse aquí no más.

Le hicimos un gran favor a Honduras: le dimos todos los insumos para que escogiera al mejor entrenador que ha trabajado por estas tierras.

¿Que había algunos jugadores que no lo querían? Pues que no jugaran. Si lo que necesitamos es un gran entrenador. Aquí hay materia prima. Hay grandes jugadores. Tendría otros cuatro años para pulirlos.

¿Y qué hicimos después de desechar a Pinto? Contratar a Paulo Wanchope, un ex jugador exitoso, adinerado, elegante, sobrio y educado. Parece una buena persona. Pero sin méritos todavía para ser entrenador de la Selección Nacional. Hay unos cinco entrenadores costarricenses que han hecho más méritos.

¿A cuáles equipos de Primera División hizo campeones el señor Wanchope? ¿A cuáles grandes equipos extranjeros o selecciones de otros países dirigió con éxito? Es que Pinto tenía muchos años de experiencia. ¿Y Wanchope? Es su primera experiencia.

La única razón de peso hubiera sido seguir con el legado de Pinto, pero él reniega de ese legado. Lo primero que hizo fue distanciarse del planteamiento de Pinto, acabar con la línea de cinco atrás, desordenar a la defensa, estropear el planteamiento defensivo que fue eficiente y sobresaliente sólo un año antes.

Ni modo. No hay otra manera de verlo: es una irresponsabilidad haber nombrado a alguien así para sustituir a Pinto, ese entrenador tan exigente y tan exitoso.

Wanchope pudo haber sido algún día el gran entrenador de la Selección Nacional de Costa Rica. Pero quisieron pasarlo del kínder a la universidad. Le faltan muchos años de experiencia. Podría llegar a ser un gran entrenador, pero uno no se hace experimentado de un día para otro.

Lo que hicimos, quitar al exitoso por exigente, y en su lugar nombrar al inexperto, es un reflejo de todo lo malo que nos pasa: improvisamos, no premiamos la excelencia, nos encantan el serrucho y la chota.

Pinto, que nos dio tantas alegrías, era un estorbo, paradójicamente. Nos estorba aquello o aquel que nos obliga a ser mejores, que nos mide, que nos pide cuentas.

Por ahora, hay que pedirle a Wanchope que vaya a aprender mucho primero, y en otra parte, no en la Selección Nacional. No se vale eso de que “echando a perder, se aprende”. Y hay que buscar a alguien como Pinto, ya que no creo que Honduras lo deje irse así de fácil.

Hay que buscar alguien que sepa exigir, que sepa sostener la disciplina al máximo. Es la única manera de ser triunfadores.

Camilo Rodríguez Chaverri

 

Fuente: Jorge Luis Pinto

Gracias al periodista Camilo Rodríguez por estas palabras



Lunes 13 de Julio del 2015  |  jorgeluispinto@jorgeluispinto.com


Quiero agradecer al periodista costarricense Camilo Rodríguez Chaverri por esta columna de opinión que tuvo a bien escribir para recordar mi paso por esa selección y el legado que pudimos trasmitir al balompié Tico.

Columna de Camilo Rodríguez

Estamos pagando por echar a Pinto, un hombre que nos dio lo que nunca tuvimos.

En Costa Rica nos cuesta ser agradecidos.

Muchas veces, uno se asusta de ver que la gente no dice gracias ante ciertos gestos o favores.

Nos sentimos merecedores de todo.

Y nos cuesta reconocer la gran labor de otras personas.

Hay alguien que nos dio lo mejor que hemos tenido en la historia del futbol mayor, y que recibió como pago esa absoluta indiferencia ante la grandeza de los demás.

Es Jorge Luis Pinto.

Pinto nos demostró la grandeza del método, el poder de la disciplina, la capacidad de la persistencia, la pasión al extremo en el análisis y el estudio, la fuerza de quien se la cree.

Los jugadores no celebraban los goles con él. Le reclamaban su “malacrianza” de hacerlos entrenar “más de la cuenta”, de exigirles al máximo, de no chinearlos ni mimarlos, de no dejarnos salir de noche a echarse unos tapis, de hablarles golpeadito, de obligarlos a entrenar las mismas jugadas una y otra y otra vez, de obligarlos a estar a la altura de los mejores y “nada de caritas”.

La defensa de la Selección Nacional en el Mundial del Brasil fue la mejor del mundo. Italia, Uruguay, Holanda e Inglaterra sucumbieron ante el método, la disciplina, la precisión, la pasión por la exactitud. Incluyo a Holanda porque sólo pudo ganarnos por penales.

¿Cómo es que esos mismos jugadores, y sobre todo, esos mismos defensores, fallan tantísimo y conforman un colador ante Colombia, Jamaica, El Salvador? ¿Cómo pudieron defender con excelencia y precisión casi matemática, casi industrial, contra Italia, Inglaterra y Uruguay, tres campeones mundiales, y no pueden contra tres selecciones de la región?

La diferencia se llama Jorge Luis Pinto. Se llama entrenamiento supuestamente “excesivo”. Se llama disciplina supuestamente “exagerada”. Se llama entrenar cada movimiento defensivo una y otra y otra vez…

Un amigo, empresario, profesor y experto en temas de calidad, me contó que tenía un compañero en una imprenta que decía así, “eso te quedó tan bien que parece ´alemán´”.

Mi amigo se enojaba. Le contestaba, “¿por qué tiene que ´parecer alemán´ todo aquello que es excelente?

Bueno, por algo fue Jorge Luis Pinto quien nos permitió ser exitosos en el Mundial de Brasil. Pinto se formó en Alemania.

¿Qué hizo Pinto? Exigirlos al máximo. Repetir una instrucción cien veces. Practicar una jugada doscientas veces. Hasta que estaban “cansaditos” los jugadores. Hasta que se sentían agredidos por el entrenador…

¿Por qué nos cuesta tanto la exigencia? ¿Por qué confundimos exigencia con malacrianza? ¿Por qué nos duele tanto que nos digan las cosas como son?

Pinto lleva al futbol los grandes valores del esfuerzo máximo, el estudio y la precisión “industrial”.

¿Cómo le pagamos el éxito del mundial? Echándolo. ¿Qué le hizo el país? Tratar a Pinto como si hubiera sido el “hazmerreír” del mundial y no lo que fue: la gran sorpresa en Brasil 2014.

Costa Rica tenía que defender la gestión de Pinto a toda costa. Y esa defensa tenía que concretarse con su continuidad, aunque hubiera que pagar mucho más dinero. Se lo había ganado.

En cambio, que lo contratara Honduras es casi lo peor que podía pasarnos. Lo único peor hubiera sido que lo contratara México.

¿Cómo pudimos permitir que Jorge Luis Pinto fuera contratado por Honduras? Eso sí que manda la parada.

Alguien escribió algo muy cierto: ver a Pinto como entrenador de Honduras, nuestro archirrival histórico, el que siempre nos pone la mano encima en la región, es como ver a la novia de uno besándose con otro carajo.

Si por lo menos Pinto hubiera sido contratado por una selección de un país grande en futbol, como Uruguay, Colombia o Paraguay. Ah, pero no, tenía que quedarse aquí no más.

Le hicimos un gran favor a Honduras: le dimos todos los insumos para que escogiera al mejor entrenador que ha trabajado por estas tierras.

¿Que había algunos jugadores que no lo querían? Pues que no jugaran. Si lo que necesitamos es un gran entrenador. Aquí hay materia prima. Hay grandes jugadores. Tendría otros cuatro años para pulirlos.

¿Y qué hicimos después de desechar a Pinto? Contratar a Paulo Wanchope, un ex jugador exitoso, adinerado, elegante, sobrio y educado. Parece una buena persona. Pero sin méritos todavía para ser entrenador de la Selección Nacional. Hay unos cinco entrenadores costarricenses que han hecho más méritos.

¿A cuáles equipos de Primera División hizo campeones el señor Wanchope? ¿A cuáles grandes equipos extranjeros o selecciones de otros países dirigió con éxito? Es que Pinto tenía muchos años de experiencia. ¿Y Wanchope? Es su primera experiencia.

La única razón de peso hubiera sido seguir con el legado de Pinto, pero él reniega de ese legado. Lo primero que hizo fue distanciarse del planteamiento de Pinto, acabar con la línea de cinco atrás, desordenar a la defensa, estropear el planteamiento defensivo que fue eficiente y sobresaliente sólo un año antes.

Ni modo. No hay otra manera de verlo: es una irresponsabilidad haber nombrado a alguien así para sustituir a Pinto, ese entrenador tan exigente y tan exitoso.

Wanchope pudo haber sido algún día el gran entrenador de la Selección Nacional de Costa Rica. Pero quisieron pasarlo del kínder a la universidad. Le faltan muchos años de experiencia. Podría llegar a ser un gran entrenador, pero uno no se hace experimentado de un día para otro.

Lo que hicimos, quitar al exitoso por exigente, y en su lugar nombrar al inexperto, es un reflejo de todo lo malo que nos pasa: improvisamos, no premiamos la excelencia, nos encantan el serrucho y la chota.

Pinto, que nos dio tantas alegrías, era un estorbo, paradójicamente. Nos estorba aquello o aquel que nos obliga a ser mejores, que nos mide, que nos pide cuentas.

Por ahora, hay que pedirle a Wanchope que vaya a aprender mucho primero, y en otra parte, no en la Selección Nacional. No se vale eso de que “echando a perder, se aprende”. Y hay que buscar a alguien como Pinto, ya que no creo que Honduras lo deje irse así de fácil.

Hay que buscar alguien que sepa exigir, que sepa sostener la disciplina al máximo. Es la única manera de ser triunfadores.

Camilo Rodríguez Chaverri

 

Fuente: Jorge Luis Pinto

 
VOLVER ATRÁS
© 2013 Todos los derechos reservados.