www.jorgeluispinto.com

MI CARRERA

MI CARRERA

 
 
 
 

Jorge Luis Pinto Afanador

En ese mundo secreto que ha confinado en su mente durante tantos años, seguro, ya junta varias noches de desvelo. Lo que soñaba pasmoso, ha dejado de ser un cuento de hadas.

Con sus habituales ansias de sediento, seguro, estará buceando en las repeticiones de las ruidosas victorias contra Uruguay e Italia, y la igualdad frente a la también campeona mundial, Inglaterra; gravitado entre el regocijo y la búsqueda del defecto para no flaquear en el tramo de ascenso, contra Holanda, luego de superar a Grecia y lograr el boleto a los cuartos de final del Mundial.

Tendrá un lugar cercano reservado para un renegrido café, otro coadyuvante que lo hace estar alerta. “Tal vez el café lo mantengo como amuleto. Además, me brinda algo de tranquilidad. Normalmente tomo café durante los partidos, a veces bebo agua, pero el café me estimula un poco”, cuenta Jorge Luis Pinto.

Ha sido la rutina, la adicción del orientador táctico santandereano desde hace 30 años, desde 1984, cuando debutó como entrenador profesional en el balompié colombiano dirigiendo a Millonarios. O quizás, desde 1979, cuando ejerció como preparador físico de la Selección Colombia que era dirigida por el macedonio Blagoje Vidinic.

El fútbol ha sido su obsesión. Pinto descansa trabajando. Simboliza el esfuerzo sin desmayo, un visionario. “Cuando estaba en sexto de bachillerato, mis compañeros estudiaban química, física y matemáticas, y yo ya leía libros de fútbol, y les decía, ‘cuando yo esté grande voy a dirigir a Millonarios’”.

El sangileño, segundo de ocho hermanos –cuatro mujeres- no había aterrizado en la pubertad y ya tenía resuelto su temperamento. “La rectitud nació en mi casa. En el examen final, previo a la graduación de bachiller, las niñas del colegio, entre las que estaba mi entonces novia, le sacaron las respuestas al rector, pero mi padre, que era el presidente de la asociación de padres de familia me dijo, ‘usted me llega a la casa con ese diploma lleno de trampas y se lo rompo en la cara’”.

Sin tachas, Pinto se graduó del colegio Guanentá, en su municipio natal, y con muchos de sus compañeros de secundaria, comparte todas las navidades, sin falta, en el parque principal del pueblo, luego de la infaltable cena con tamales que prepara su señora madre.

Fue gracias a que desoyó los reproches de sus padres hacia sus estudios en educación física –en la Universidad Pedagógica Nacional-, que a Pinto le falta tiempo para permanecer en San Gil, municipio ubicado a 96 kilómetros de Bucaramanga, con una población aproximada a los 45.000 habitantes y una temperatura promedio de 24º C. Allí nació, un 16 de diciembre de 1952, Jorge Luis Pinto Afanador, y en ese apacible lugar quisiera habitar.

Pero él decidió ser preparador físico, entrenador, embajador. Eligió la intranquilidad inseparable de los directores técnicos de fútbol, eligió ser un soñador.

“Jugaba en el equipo del colegio y a la vez era el entrenador. Todo nació de un sentimiento de calle. Soñaba con poder jugar como lo hacía el ‘Burro’ González y después, cuando grande, me encantaba y pensé que podía jugar como el brasileño Falcao. Pero, a pesar de que no era tan bruto para jugar al fútbol, era difícil actuar en el Bucaramanga”.

El vigilante del médico

Con el carácter suficiente para ser el líder de cualquier tribu, Pinto moldeó su estilo como director técnico. Con disciplina franciscana acudió durante una temporada como vigía del entrenador más laureado del fútbol colombiano.

“El doctor Gabriel Ocho dirigía a Millonarios desde la tribuna, y yo duré casi una año ubicándome detrás de él, sin que él lo supiera, para mirar qué órdenes le enviaba a Jaime Arroyabe, quien estaba en el banco”.

Contrario al médico Ochoa -campeón en 13 oportunidades, dirigiendo tres equipos diferentes: Millonarios (59, 61,62 y 63, y 72), Santa Fe (66), y con América (79, 82, 83, 84, 85, 86 y 90)- Pinto permaneció cerca de 13 años con la garganta muy seca. Su primer título fue sublime para los simpatizantes del Alianza Lima peruano, que estuvieron algo más de 18 años sin celebrar un campeonato y padecieron, en 1987, la muerte de todos los integrantes de su plantilla en un accidente aéreo.

“Durante los primeros partidos, la hinchada del Alianza me gritaba, ‘Pinto, la puta madre que te contrató’, y el día que me vine me sacaron en hombros del estadio”.

Antes del fausto acontecimiento con los ‘Íntimos’, Pinto había dirigido, además del conjunto ‘Embajador’, al Santa Fe, Deportivo Cali y Unión Magdalena. Ya era identificado como un personaje controversial y muy temperamental.

Les sacó la roja

Airado tras los fallos arbitrales que lo perjudicaban, debió orientar muchos partidos desde las tribunas, y conoció de trapisondas que mancharon el balompié colombiano.

“Uno conoce muchas cosas del fútbol colombiano, y por eso reaccionaba airadamente. Una vez, cuando dirigía al Unión Magdalena, un árbitro me buscó para que lo comprara, quería que le diera plata, pero le dije que no. Fue una época muy compleja. El narcotráfico puso a algunos ganadores ficticios en el fútbol colombiano”.

Y añadió sobre los entonces vestidos de negro: “Tengo grabado a árbitros que decían que se reunían en el ‘Parador Rojo’, cerca de Tuluá, semanalmente, para manejar las cosas. A mí los árbitros no me cargaron la mano, lo que pasó fue que yo no estaba metido en el ambiente.

Puedo decir que un jugador de Millonarios le dijo a uno del Unión Magdalena, ‘se pueden matar en la cancha, que hoy ganamos nosotros’”.

No obstante, ni el más inquisidor de sus detractores, puede afirmar que Pinto ha sido participe de los sobornos que al parecer eran usuales en el balompié nacional, o que ha recibido comisiones de algún jugador en los diferentes clubes que ha dirigido, entre los que también se cuenta el Atlético Bucaramanga. Para Pinto, el fútbol no es un negocio, es un arte.

“En el 87, con Santa Fe, fue cuando permanecí más tiempo en las tribunas. El arbitraje de ese año fue terriblemente riesgoso. Una vez estaba dirigiendo en la tribuna en Medellín, y me pusieron dos policías atrás, para que me cuidaran. Era la época en la que Pablo Escobar pagaba 2 millones de pesos por matar a un policía, y les dije a los policías, ‘yo les ayudo a cuidar sus espaldas, y ustedes cuídenme la mía’”.

El dolor de la tricolor

Su primer y único título en Colombia, en el 2006 con el Cúcuta, lo impulsó a la dirección técnica de la Selección. El jueves 14 de diciembre de ese mismo año, aun siendo DT de los ‘motilones’, fue nombrado como seleccionador nacional.

“Deportiva y profesionalmente ha sido uno de los momentos más hermosos de mi vida”. Pero también guarda otros irrepetibles instantes: “El día que nacieron mis hijos, y el día que llegué a la Sportiva de Futeboll en Sao Paulo (Brasil) para hacer mi especialización. Ese día besé la tierra de la felicidad, como también, cuando me gané la beca para estudiar en Colonia (Alemania)”.

Luego de 21 meses y de haber caído en forma consecutiva frente a Uruguay y Chile, por las Eliminatorias al Mundial de Sudáfrica 2010, Pinto fue cesado de la dirección técnica de la tricolor nacional. Sumó diez puntos en ocho juegos.

En ese momento, el riguroso entrenador, mostró su lado sensible, se desbordó en llanto tras la determinación de los dirigentes del fútbol colombiano. “El sacrificio de algunos jugadores por la camiseta de Colombia no es el mejor”, tiró en su carta de despedida; mientras que del lado de los jugadores se escuchó de algunas incomodidades por las desmedidas exigencias del entrenador santandereano. “Reto a cualquier jugador de la Selección Colombia a que declare públicamente si en algún momento lo irrespeté”, desafió Pinto.

Sin embargo, otros jugadores, discretos en sus albores y robustecidos con las repeticiones de los trabajos, asumieron los requerimientos de Pinto como una ineludible etapa para sus crecimientos.

"Yo era muy perezoso y lento, no me gustaba correr, pero el ‘profe’ Pinto me exigió, hasta que dejé la pereza a un lado. Me preparó física y mentalmente, me decía, ‘voy a entrenar al mejor volante que va a tener Colombia’, y me ponía a entrenar horas extras y eso al final me ayudó. A nadie le gusta que lo estén empujando de esa forma, pero al final me di cuenta de que era para bien”, reconoció el emblemático ex jugador colombiano Freddy Rincón, quien fue dirigido por Pinto en Santa Fe.

Sergio el ‘Checho’ Angulo también soportó, en el equipo ‘Cardenal’, los rigores del hombre de estatura baja, voz castrense y permanente traspirar.

“A las 7:45 de la mañana se cerraba la balanza. Si uno llegaba a las 7:46, podía entrenar, pero tenía una multa económica. Es muy estricto con el horario, es un ‘inglés’. Recuerdo que en Santa Fe había un volante argentino muy bueno, de apellido Rifourcaf (Alfredo Óscar), a quien el profesor Pinto iba a sacar del equipo. Entonces, todos los jugadores intercedimos por él ante el ‘profe’ y luego hablamos durante una hora con el argentino. Todo parecía estar resuelto, hasta que el ‘profe’ dijo, ‘¿qué tiene para decir, Rifourcaf?’, y respondió: ‘que usted es un atrevido, con usted no trabaja nadie’”.

Pinto, ha resbalado, se ha limpiado las rodillas y ha continuado. Tras morder el polvo con la Selección Colombia, retornó al Cúcuta, y luego dirigió a El Nacional ecuatoriano y celebró dos títulos con el Deportivo Táchira venezolano. En el 2011 fue contratado por el Junior de Barranquilla, pero dimitió poco después para asumir la dirección técnica de la Selección de Costa Rica, con la que ya había logrado la Copa Centroamericana, y país en el que ya se había coronado bicampeón con el Alajuelense. Con los 'ticos' logró acceder hasta los octavos de final del mundial de fútbol de Brasil 2014 venciendo ex campeones mundiales como Italia y Uruguay.

En diciembre de 2014 fue nombrado director técnico de la selección de Honduras con la cual espera conseguir grandes objetivos como ha sido costumbre en todas las instituciones donde ha trabajado.

 

ClubPaísAño
Millonarios Flag of Colombia.svg Colombia 1984 - 1985
Santa Fe Flag of Colombia.svg Colombia 1986 - 1987
Unión Magdalena Flag of Colombia.svg Colombia 1988 - 1989
Deportivo Cali Flag of Colombia.svg Colombia 1990 - 1991
Santa Fe Flag of Colombia.svg Colombia 1991 - 1993
Unión Magdalena Flag of Colombia.svg Colombia 1994 - 1997
Alianza Lima Flag of Peru.svg Perú 1997 - 1998
Millonarios Flag of Colombia.svg Colombia 1998 - 1999
Alianza Lima Flag of Peru.svg Perú 1999 - 2000
Atlético Bucaramanga Flag of Colombia.svg Colombia 2001
Liga Deportiva Alajuelense Flag of Costa Rica.svg Costa Rica 2002 - 2003
Atlético Junior Flag of Colombia.svg Colombia 2003 - 2004
Selección de Costa Rica Flag of Costa Rica.svg Costa Rica 2004 - 2005
Cúcuta Deportivo
Flag of Colombia.svg Colombia 2006
Selección Colombia Flag of Colombia.svg Colombia 2007 - 2008
Cúcuta Deportivo Flag of Colombia.svg Colombia 2009
El Nacional Flag of Ecuador.svg Ecuador 2010
Deportivo Táchira Flag of Venezuela.svg Venezuela 2010 - 2011
Atlético Junior Flag of Colombia.svg Colombia 2011
Selección de Costa Rica Flag of Costa Rica.svg Costa Rica 2011 - 2014
Selección de Honduras Bandera de Honduras Honduras 2014 -

 

 
© 2013 Todos los derechos reservados.
www.jorgeluispinto.com

MI CARRERA

MI CARRERA

 
 
 
 

Jorge Luis Pinto Afanador

En ese mundo secreto que ha confinado en su mente durante tantos años, seguro, ya junta varias noches de desvelo. Lo que soñaba pasmoso, ha dejado de ser un cuento de hadas.

Con sus habituales ansias de sediento, seguro, estará buceando en las repeticiones de las ruidosas victorias contra Uruguay e Italia, y la igualdad frente a la también campeona mundial, Inglaterra; gravitado entre el regocijo y la búsqueda del defecto para no flaquear en el tramo de ascenso, contra Holanda, luego de superar a Grecia y lograr el boleto a los cuartos de final del Mundial.

Tendrá un lugar cercano reservado para un renegrido café, otro coadyuvante que lo hace estar alerta. “Tal vez el café lo mantengo como amuleto. Además, me brinda algo de tranquilidad. Normalmente tomo café durante los partidos, a veces bebo agua, pero el café me estimula un poco”, cuenta Jorge Luis Pinto.

Ha sido la rutina, la adicción del orientador táctico santandereano desde hace 30 años, desde 1984, cuando debutó como entrenador profesional en el balompié colombiano dirigiendo a Millonarios. O quizás, desde 1979, cuando ejerció como preparador físico de la Selección Colombia que era dirigida por el macedonio Blagoje Vidinic.

El fútbol ha sido su obsesión. Pinto descansa trabajando. Simboliza el esfuerzo sin desmayo, un visionario. “Cuando estaba en sexto de bachillerato, mis compañeros estudiaban química, física y matemáticas, y yo ya leía libros de fútbol, y les decía, ‘cuando yo esté grande voy a dirigir a Millonarios’”.

El sangileño, segundo de ocho hermanos –cuatro mujeres- no había aterrizado en la pubertad y ya tenía resuelto su temperamento. “La rectitud nació en mi casa. En el examen final, previo a la graduación de bachiller, las niñas del colegio, entre las que estaba mi entonces novia, le sacaron las respuestas al rector, pero mi padre, que era el presidente de la asociación de padres de familia me dijo, ‘usted me llega a la casa con ese diploma lleno de trampas y se lo rompo en la cara’”.

Sin tachas, Pinto se graduó del colegio Guanentá, en su municipio natal, y con muchos de sus compañeros de secundaria, comparte todas las navidades, sin falta, en el parque principal del pueblo, luego de la infaltable cena con tamales que prepara su señora madre.

Fue gracias a que desoyó los reproches de sus padres hacia sus estudios en educación física –en la Universidad Pedagógica Nacional-, que a Pinto le falta tiempo para permanecer en San Gil, municipio ubicado a 96 kilómetros de Bucaramanga, con una población aproximada a los 45.000 habitantes y una temperatura promedio de 24º C. Allí nació, un 16 de diciembre de 1952, Jorge Luis Pinto Afanador, y en ese apacible lugar quisiera habitar.

Pero él decidió ser preparador físico, entrenador, embajador. Eligió la intranquilidad inseparable de los directores técnicos de fútbol, eligió ser un soñador.

“Jugaba en el equipo del colegio y a la vez era el entrenador. Todo nació de un sentimiento de calle. Soñaba con poder jugar como lo hacía el ‘Burro’ González y después, cuando grande, me encantaba y pensé que podía jugar como el brasileño Falcao. Pero, a pesar de que no era tan bruto para jugar al fútbol, era difícil actuar en el Bucaramanga”.

El vigilante del médico

Con el carácter suficiente para ser el líder de cualquier tribu, Pinto moldeó su estilo como director técnico. Con disciplina franciscana acudió durante una temporada como vigía del entrenador más laureado del fútbol colombiano.

“El doctor Gabriel Ocho dirigía a Millonarios desde la tribuna, y yo duré casi una año ubicándome detrás de él, sin que él lo supiera, para mirar qué órdenes le enviaba a Jaime Arroyabe, quien estaba en el banco”.

Contrario al médico Ochoa -campeón en 13 oportunidades, dirigiendo tres equipos diferentes: Millonarios (59, 61,62 y 63, y 72), Santa Fe (66), y con América (79, 82, 83, 84, 85, 86 y 90)- Pinto permaneció cerca de 13 años con la garganta muy seca. Su primer título fue sublime para los simpatizantes del Alianza Lima peruano, que estuvieron algo más de 18 años sin celebrar un campeonato y padecieron, en 1987, la muerte de todos los integrantes de su plantilla en un accidente aéreo.

“Durante los primeros partidos, la hinchada del Alianza me gritaba, ‘Pinto, la puta madre que te contrató’, y el día que me vine me sacaron en hombros del estadio”.

Antes del fausto acontecimiento con los ‘Íntimos’, Pinto había dirigido, además del conjunto ‘Embajador’, al Santa Fe, Deportivo Cali y Unión Magdalena. Ya era identificado como un personaje controversial y muy temperamental.

Les sacó la roja

Airado tras los fallos arbitrales que lo perjudicaban, debió orientar muchos partidos desde las tribunas, y conoció de trapisondas que mancharon el balompié colombiano.

“Uno conoce muchas cosas del fútbol colombiano, y por eso reaccionaba airadamente. Una vez, cuando dirigía al Unión Magdalena, un árbitro me buscó para que lo comprara, quería que le diera plata, pero le dije que no. Fue una época muy compleja. El narcotráfico puso a algunos ganadores ficticios en el fútbol colombiano”.

Y añadió sobre los entonces vestidos de negro: “Tengo grabado a árbitros que decían que se reunían en el ‘Parador Rojo’, cerca de Tuluá, semanalmente, para manejar las cosas. A mí los árbitros no me cargaron la mano, lo que pasó fue que yo no estaba metido en el ambiente.

Puedo decir que un jugador de Millonarios le dijo a uno del Unión Magdalena, ‘se pueden matar en la cancha, que hoy ganamos nosotros’”.

No obstante, ni el más inquisidor de sus detractores, puede afirmar que Pinto ha sido participe de los sobornos que al parecer eran usuales en el balompié nacional, o que ha recibido comisiones de algún jugador en los diferentes clubes que ha dirigido, entre los que también se cuenta el Atlético Bucaramanga. Para Pinto, el fútbol no es un negocio, es un arte.

“En el 87, con Santa Fe, fue cuando permanecí más tiempo en las tribunas. El arbitraje de ese año fue terriblemente riesgoso. Una vez estaba dirigiendo en la tribuna en Medellín, y me pusieron dos policías atrás, para que me cuidaran. Era la época en la que Pablo Escobar pagaba 2 millones de pesos por matar a un policía, y les dije a los policías, ‘yo les ayudo a cuidar sus espaldas, y ustedes cuídenme la mía’”.

El dolor de la tricolor

Su primer y único título en Colombia, en el 2006 con el Cúcuta, lo impulsó a la dirección técnica de la Selección. El jueves 14 de diciembre de ese mismo año, aun siendo DT de los ‘motilones’, fue nombrado como seleccionador nacional.

“Deportiva y profesionalmente ha sido uno de los momentos más hermosos de mi vida”. Pero también guarda otros irrepetibles instantes: “El día que nacieron mis hijos, y el día que llegué a la Sportiva de Futeboll en Sao Paulo (Brasil) para hacer mi especialización. Ese día besé la tierra de la felicidad, como también, cuando me gané la beca para estudiar en Colonia (Alemania)”.

Luego de 21 meses y de haber caído en forma consecutiva frente a Uruguay y Chile, por las Eliminatorias al Mundial de Sudáfrica 2010, Pinto fue cesado de la dirección técnica de la tricolor nacional. Sumó diez puntos en ocho juegos.

En ese momento, el riguroso entrenador, mostró su lado sensible, se desbordó en llanto tras la determinación de los dirigentes del fútbol colombiano. “El sacrificio de algunos jugadores por la camiseta de Colombia no es el mejor”, tiró en su carta de despedida; mientras que del lado de los jugadores se escuchó de algunas incomodidades por las desmedidas exigencias del entrenador santandereano. “Reto a cualquier jugador de la Selección Colombia a que declare públicamente si en algún momento lo irrespeté”, desafió Pinto.

Sin embargo, otros jugadores, discretos en sus albores y robustecidos con las repeticiones de los trabajos, asumieron los requerimientos de Pinto como una ineludible etapa para sus crecimientos.

"Yo era muy perezoso y lento, no me gustaba correr, pero el ‘profe’ Pinto me exigió, hasta que dejé la pereza a un lado. Me preparó física y mentalmente, me decía, ‘voy a entrenar al mejor volante que va a tener Colombia’, y me ponía a entrenar horas extras y eso al final me ayudó. A nadie le gusta que lo estén empujando de esa forma, pero al final me di cuenta de que era para bien”, reconoció el emblemático ex jugador colombiano Freddy Rincón, quien fue dirigido por Pinto en Santa Fe.

Sergio el ‘Checho’ Angulo también soportó, en el equipo ‘Cardenal’, los rigores del hombre de estatura baja, voz castrense y permanente traspirar.

“A las 7:45 de la mañana se cerraba la balanza. Si uno llegaba a las 7:46, podía entrenar, pero tenía una multa económica. Es muy estricto con el horario, es un ‘inglés’. Recuerdo que en Santa Fe había un volante argentino muy bueno, de apellido Rifourcaf (Alfredo Óscar), a quien el profesor Pinto iba a sacar del equipo. Entonces, todos los jugadores intercedimos por él ante el ‘profe’ y luego hablamos durante una hora con el argentino. Todo parecía estar resuelto, hasta que el ‘profe’ dijo, ‘¿qué tiene para decir, Rifourcaf?’, y respondió: ‘que usted es un atrevido, con usted no trabaja nadie’”.

Pinto, ha resbalado, se ha limpiado las rodillas y ha continuado. Tras morder el polvo con la Selección Colombia, retornó al Cúcuta, y luego dirigió a El Nacional ecuatoriano y celebró dos títulos con el Deportivo Táchira venezolano. En el 2011 fue contratado por el Junior de Barranquilla, pero dimitió poco después para asumir la dirección técnica de la Selección de Costa Rica, con la que ya había logrado la Copa Centroamericana, y país en el que ya se había coronado bicampeón con el Alajuelense. Con los 'ticos' logró acceder hasta los octavos de final del mundial de fútbol de Brasil 2014 venciendo ex campeones mundiales como Italia y Uruguay.

En diciembre de 2014 fue nombrado director técnico de la selección de Honduras con la cual espera conseguir grandes objetivos como ha sido costumbre en todas las instituciones donde ha trabajado.

 

ClubPaísAño
Millonarios Flag of Colombia.svg Colombia 1984 - 1985
Santa Fe Flag of Colombia.svg Colombia 1986 - 1987
Unión Magdalena Flag of Colombia.svg Colombia 1988 - 1989
Deportivo Cali Flag of Colombia.svg Colombia 1990 - 1991
Santa Fe Flag of Colombia.svg Colombia 1991 - 1993
Unión Magdalena Flag of Colombia.svg Colombia 1994 - 1997
Alianza Lima Flag of Peru.svg Perú 1997 - 1998
Millonarios Flag of Colombia.svg Colombia 1998 - 1999
Alianza Lima Flag of Peru.svg Perú 1999 - 2000
Atlético Bucaramanga Flag of Colombia.svg Colombia 2001
Liga Deportiva Alajuelense Flag of Costa Rica.svg Costa Rica 2002 - 2003
Atlético Junior Flag of Colombia.svg Colombia 2003 - 2004
Selección de Costa Rica Flag of Costa Rica.svg Costa Rica 2004 - 2005
Cúcuta Deportivo
Flag of Colombia.svg Colombia 2006
Selección Colombia Flag of Colombia.svg Colombia 2007 - 2008
Cúcuta Deportivo Flag of Colombia.svg Colombia 2009
El Nacional Flag of Ecuador.svg Ecuador 2010
Deportivo Táchira Flag of Venezuela.svg Venezuela 2010 - 2011
Atlético Junior Flag of Colombia.svg Colombia 2011
Selección de Costa Rica Flag of Costa Rica.svg Costa Rica 2011 - 2014
Selección de Honduras Bandera de Honduras Honduras 2014 -

 

 
© 2013 Todos los derechos reservados.