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Copa de Oro

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La Copa de Oro: realidad y fantasía

25 de Julio, 2013 |  Por: Jorge Luis Pinto Afanador  |  jorgeluispinto@jorgeluispinto.com

 
 

Oportuna vivencia la vivida y sentida en esta competencia del Norte y Centro de América junta a nuestros vecinos caribeños, diversidad en fútbol, en poder y riqueza y de pronto de preferencias.

Con unas fases eliminatorias que la hacen auténtica en la base futbolística, especialmente en Centro y el Caribe, con fútbol de diferentes características y estilos, potencias que regulan jugadores y que no le brindan la importancia necesaria y selecciones con buen fútbol, algunas agresivas y potentes fundamentadas en su raza, dominante la negra, otras con desordenes tácticos pero con potencia y velocidad como Haíti y Martinica y otras tácticas con tendencia defensiva como Belice y por qué no otras efusivas, con propuestas de buen juego como Costa Rica y Estados Unidos y buscando el resultado pero compactas y recias en su accionar como Honduras, equipo duro de vencer, igual Panamá con su base y sorprendiendo con sus cambios de ritmo y su oportuno  olfato de gol.

Fútbol de diferentes concepciones, buen fútbol, excelentes tácticamente, sistemas zonales variados en defensa, todavía algunos con su libero stoppers y carrileros, otros con un solo delantero, muy pocos o casi ninguno con volantes creativos y la gran mayoría abiertos al ir y venir del fútbol, pero alegres y libertinos en su concepción del juego, al ganar y perder si es del caso.

Rendimientos irregulares, jugadores jóvenes de buen talento como El Salvador y Martinica, pero por momentos irresponsables, y otros dominados por la presión de ganar a toda costa como el caso de México, sin encontrar su verdadero fútbol pero exigidos por su mayoritaria afición, alguno imponiendo su localía y preferencias, como los Estados Unidos, con buen fútbol y grandes medios campista como Helvel y Diceruk, competencia con exagerados desplazamientos en el interés de encontrar aficiones especiales sentidas por el amor a su terruño en todos los rincones de este especial, grande y grandioso país.

No podríamos afirmar si el nivel que se muestra es de competencia y roce internacional o es marcado por el concepto de cumplir. Fuimos y soñamos en mostrar y competir con calidad y compromiso, de pronto fuimos ambiciosos, lo que podríamos decir que nos faltó especular por momentos para encontrar mejores resultados.

La experiencia enseña, algunos protagonistas no han encontrado su nivel, pero el sistema competitivo les permite tener tropiezos pero de alguna manera quizá puedan encontrar la final, como pudo haber sido el caso de México y los Estados Unidos de buen rendimiento,  competencia diseñada para ellos, como buenas potencias económicas y de pronto deportivas.

Una logística en estadios y sedes extraordinarias, con aficiones de colonias residentes que la hace variada y alegre.

Nos vamos con la nostalgia de haber podido avanzar más, con un poco de fútbol especulativo como algunos, pero esos son los aprendizajes, tener preferencias sobre el posible campeón no las hay, que el fútbol marque la pauta y que gane quien mejor lo haga.

 
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Con unas fases eliminatorias que la hacen auténtica en la base futbolística, especialmente en Centro y el Caribe, con fútbol de diferentes características y estilos, potencias que regulan jugadores y que no le brindan la importancia necesaria y selecciones con buen fútbol, algunas agresivas y potentes fundamentadas en su raza, dominante la negra, otras con desordenes tácticos pero con potencia y velocidad como Haíti y Martinica y otras tácticas con tendencia defensiva como Belice y por qué no otras efusivas, con propuestas de buen juego como Costa Rica y Estados Unidos y buscando el resultado pero compactas y recias en su accionar como Honduras, equipo duro de vencer, igual Panamá con su base y sorprendiendo con sus cambios de ritmo y su oportuno  olfato de gol.

Fútbol de diferentes concepciones, buen fútbol, excelentes tácticamente, sistemas zonales variados en defensa, todavía algunos con su libero stoppers y carrileros, otros con un solo delantero, muy pocos o casi ninguno con volantes creativos y la gran mayoría abiertos al ir y venir del fútbol, pero alegres y libertinos en su concepción del juego, al ganar y perder si es del caso.

Rendimientos irregulares, jugadores jóvenes de buen talento como El Salvador y Martinica, pero por momentos irresponsables, y otros dominados por la presión de ganar a toda costa como el caso de México, sin encontrar su verdadero fútbol pero exigidos por su mayoritaria afición, alguno imponiendo su localía y preferencias, como los Estados Unidos, con buen fútbol y grandes medios campista como Helvel y Diceruk, competencia con exagerados desplazamientos en el interés de encontrar aficiones especiales sentidas por el amor a su terruño en todos los rincones de este especial, grande y grandioso país.

No podríamos afirmar si el nivel que se muestra es de competencia y roce internacional o es marcado por el concepto de cumplir. Fuimos y soñamos en mostrar y competir con calidad y compromiso, de pronto fuimos ambiciosos, lo que podríamos decir que nos faltó especular por momentos para encontrar mejores resultados.

La experiencia enseña, algunos protagonistas no han encontrado su nivel, pero el sistema competitivo les permite tener tropiezos pero de alguna manera quizá puedan encontrar la final, como pudo haber sido el caso de México y los Estados Unidos de buen rendimiento,  competencia diseñada para ellos, como buenas potencias económicas y de pronto deportivas.

Una logística en estadios y sedes extraordinarias, con aficiones de colonias residentes que la hace variada y alegre.

Nos vamos con la nostalgia de haber podido avanzar más, con un poco de fútbol especulativo como algunos, pero esos son los aprendizajes, tener preferencias sobre el posible campeón no las hay, que el fútbol marque la pauta y que gane quien mejor lo haga.

 
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